EL DECÁLOGO DE MARRAS

     Nadie lo niega: está de moda esto de los microcuentos (así los llamaremos mientras no se les encuentre nombre mejor, pero un microcuento no debe ser tan pequeño que no se pueda leer). Moda paralela es la de escribir decálogos que estipulan qué es y qué no es, y cómo se debe escribir un microcuento (pero un decálogo no debe ser tan largo que no se pueda leer). Hay decenas de miles de decálogos: calculo que uno por cada diez microcuentos escritos, más o menos. Un tipo que fue amigo mío escribió un decálogo tan bueno como los demás. Pero el más respetable de todos (y uno de los primeros, supongo) es el de la Cadena Ser:

 

Decálogo para escribir microcuentos

http://www.escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser

 

 

1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada. No es el resumen de un cuento más largo.

 

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como la mayoría de los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

 

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será corto. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

 

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

 

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

 

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

 

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

 

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

 

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y hay que evitar tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

 

10. Se debe pensar distinto, no conformarse, huir de los lugares comunes. No se escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.

 

A continuación, yo, sumiso, me he puesto manos a la obra con la tan necesaria ejemplificación:

 

 

   1. Instinto básico (resumen de un cuento más largo)

   Repitió la misma broma muchas veces: a grandes saltos se acercaba a la manada, gritando:

   —¡El cazador¡ ¡El cazador! ¡Que viene el cazador!

   Los lobos huían espantados, mientras él se reía. Cuando comprobaban la falsedad, rabiaban, le mordían.

   Un día vino el cazador de verdad. Dio el aviso:

   —¡Que viene el cazador!

   Bien entrenados, todos se pusieron a salvo. Esa noche, honraron a Mentiroso, el nuevo jefe de la manada.

 

 

2. Las tres gracias (sin p.n.d.)

   Todo un éxito la exposición simbolística: los visitantes se emocionan con la pareja de la Guardia Civil enamorada; se enternecen con el niño que pregunta a un policía si ha visto a una señora sin un niño como yo; se pasman con la foto del superhéroe salvando las distancias.

 

 

3. Historia (o lo que sí está en los escritos)

   Desde la invención de la escritura han transcurrido miles de años: mira que se han acumulado volúmenes de textos. Sin embargo, nos tememos que muchos van a seguir dale que dale, al margen de la clásica cuestión de si estará o no ya todo escrito, hasta el final de los tiempos.

 

 

4. Proliferación (tres son multitud)

   Eva le fue infiel a Mariano, pues tuvo un ligero desliz con Domingo; la esposa de éste, Carmen, le puso los cuernos con Francisco, cuya cónyuge, Micaela, se lió a su vez con Genaro, que estaba casado con Alicia, la cual se acostó con Miguel; en cuanto a Elisa, su mujer, ya se están todos preguntando qué hace tanto tiempo con Fernando.

 

 

5. Es raro (pero suele suceder)

   La exitosa gira Cinturón 2010 del grupo postrock Los Miguelitos, que comenzara brillantemente en Getafe, y siguiera de manera triunfante por los escenarios de Fuenlabrada, Aranjuez, Pinto, Alcorcón y Leganés, se cierra esta noche con broche de oro en Parla. Las entradas (a 40 y a 50 euros) están agotadas hace tiempo.

 

 

6. Algo sí va a alargarse (ya me encargo yo)

   La discoteca más de moda de todo Madrid, elegante y lujosísima. Luz suficiente. El bumbúm de la música que retumba por el amplio local, pero también el tintineo de copas, vasos, cubitos de hielo incluso. La pista de baile atestada de jóvenes hasta los cuarenta, sudorosos, si bien excelentemente perfumados. Atmósfera densa, calor sofocante, un delicioso infierno nocturno…

   Y él, que no se ha quitado la americana. Y a mí que no me extraña, porque es de las caras. Pantalones y camisa también de mucha marca. Cuando eleva el brazo izquierdo, reluce el reloj de auténtico oro. Por sobre el suelo se deslizan sus zapatos de cocodrilo. Pero yo, desde la media distancia, selecciono un detalle en que otra menos ducha no habría reparado: en el llavero, de metal de colores y cuero, que asoma por el bolsillo derecho, una figurita familiar me atrae como un imán.

  Menos de media hora después compruebo: Ferrari, último modelo.

 

 

7. Rey

   Érase una vez un rey.

 

 

8. Utilidad del neutrino (esta vez no hace falta hilar muy fino)

   Un eminente científico también puede ser una persona tremendamente práctica. Yo, por ejemplo, cuando se comprobó que los neutrinos se desplazan a mayor velocidad que la luz, lo que suponía la posibilidad de viajar en el tiempo, y que pueden atravesar la materia ordinaria sin problemas, me dejé de especulaciones teóricas y puse manos a la obra. Me costó mucho reunir la cantidad suficiente de esas partículas subatómicas, pero luego ya todo fue más fácil. Construí una Máquina del Tiempo de tamaño utilitario, subí a bordo, la puse en marcha y le hice llegar a mi admirado Einstein el telegrama que había esperado durante toda su vida. Por supuesto, el contenido incluía una explicación detallada de todo el asunto. Estoy seguro de que él habrá sabido cómo utilizar la información. Así cumplí mi deber con la ciencia. Regresé al presente y me preparé para la segunda misión. Hice los cambios precisos para transformar el vehículo en Máquina de la Materia. Adosé en la parte trasera un espacioso portaequipajes. Guardé en él diez grandes sacas de lona vacías. Una noche oscura partí hacia Londres. Sobrevolé el mar de luces hasta el Banco de Inglaterra. Descendí con cuidado de que nadie me viera. Atravesé las paredes del edificio como si no existieran y, ya en el sótano, los espesos muros de acero de la cámara acorazada. Llené las sacas de libras esterlinas. Con el mismo sigilo salí y volví a mi casa.

    Al día siguiente, lo primero que hice fue destruir la Máquina. No me fiaba de los hombres: si la ponía a disposición de mis contemporáneos, vete tú a saber para qué fines inmorales podían emplearla.

 

 

9. El cobarde (parece ser que lo era)

   Después del juicio, el condenado pasa toda la noche en la más completa oscuridad, sumido en un ensueño inconcreto pleno de sensaciones evanescentes; es decir, en un estado, fácilmente explicable si se tiene en cuenta la miserable condición humana, producto de una situación ante la que sólo cabe identificarse con el personaje.

   Al amanecer lo encontramos sobre un tablado, similar a un cadalso recién pintado, alzado en una plaza pública. El sol le abofetea la cara sin afeitar. La multitud guarda silencio, expectante. A un lado el general, muy tieso, lee como un trueno la sentencia. El brigadier se acerca al reo y arranca de su guerrera los galones y los botones dorados. Le despoja del cinturón con la espada y la pistola, y se lo entrega todo a un ayudante. Por fin, le quita el sombrero charolado, lo arroja al suelo y lo pisotea, mientras suena un redoble de tambor. La milicia y el populacho prorrumpen en sonoros abucheos, gritos, silbidos… Ante una escena en que así se dibuja el azaroso destino del hombre, por fuerza tienes que conmoverte.

 

 

10. En campaña (porque, para que lo principal no cambie, lo fundamental tampoco tiene que variar)

    En la Plaza Mayor de la ciudad se han reunido mil jóvenes ante la atenta mirada de la policía. Lo que ha conformado esa multitud homogénea es el hecho de que, aunque tod@s piensan cosas distintas, han querido manifestarse en igualdad. De modo que, uno por uno, han ido diciendo tod@s lo mismo hasta el final. Algun@s no han necesitado ni chuletas; se han expresado con un convencimiento digno de admirar. El mensaje no era original ni nuevo, pero eso no importaba: lo deseable, en este caso, era su repetibilidad.

 

 

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