Ahora vas y lo cuentas

Categoría: MÁS O MENOS

Sólo los más fuertes.

   La historia que contaré sólo se conserva en la tradición oral: no se halla en las Geórgicas de Virgilio, ni  en las Metamorfosis de Ovidio.

   Contradice, además, la cólera de Aquiles, como motivo que lo alejó del combate por un tiempo, desgraciado para los griegos.

   Pues bien: se había derramado ya mucha sangre bajo las murallas de Troya, cuando la duda asaltó el pensamiento del Pelida.

   Quiso saber cuál sería su destino y cómo acabaría la guerra. Se acordó entonces de Proteo, el viejo dios del mar, hijo de Poseidón.

   Proteo conocía el futuro, aunque se resistía a revelarlo, transmutándose en cualquier criatura y huyendo del solicitante.

   Sólo los más fuertes conseguían alcanzarlo, reducirlo y obligarlo a hablar.

   Poco le preocuparon aquellas condiciones a Aquiles. ¿No era él, acaso, el más rápido y poderoso de los héroes?

   Pidió a su madre, la diosa Tetis, que lo transportara hasta la morada de Proteo y, allí, le hizo la petición.

   Proteo tomó la forma de un ciervo y huyó al monte, tan rápido como el viento. Aquiles lo persiguió durante muchos días, y lo alcanzó al fin.

   El viejo habló, y Aquiles vio volar la flecha de Paris, y la mano de Apolo guiándola, y su propio cuerpo tendido de cara al cielo.

   Comprendió entonces la prueba y admiró la sabiduría de Proteo: el viejo sólo comunicaba su destino a aquél que podía soportarlo.

   Regresó a Troya, más ansioso que nunca por entrar de nuevo en combate.

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El bufón

Hoy, aquí en la plaza, a la sombra destas acacias,

voy a contarles mis cuitas, penas, y desgracias;

en sutiles pareados, no en los adefesios

que en el cole todavía llaman serventesios.

Sépase que yo era bufón, de los cortesanos,

como lo fueron mi abuelo, mi padre y hermanos.

Educado desde crío para aquel bello oficio,

no sabía decir cosa sin rima y artificio.

A caballeros y damas les bailaba el agua

tan bien que alguna me cobijó bajo su enagua…

Y era bastante feliz. Hasta que un día, en Palacio,

el conde don Juan me dijo, secreto y despacio:

—A la Reina gozaré esta noche, que está buena,

en ese jardín, bajo la luna, tras la cena.

Tú has de entretener al Rey con tu poesía;

yo, un par o dos de veces, a su esposa haré mía.

Así lo hice; y amparé otras noches, con cuartetas,

los amores furtivos de la Reina y sus tretas,

como hiciese Eco con Hera, madre de las deas,

mientras Zeus se solazaba con las ninfeas.

Al fin, cansose el conde de aquellos devaneos;

pero la Reina no, ella quería más meneos.

Despechada, al Rey todo le contó como era;

sabiendo que él evitaría la escandalera.

Lo supo el conde galán por mí; con ligereza

puso pies en polvorosa y salvó la cabeza.

Lo mismo hice yo, al poco, pues la Regina

cada día me miraba peor, más mohína.

Desde entonces, errante poeta fugitivo

soy: de entretener al vulgo ignorante yo vivo.

Disculpen este relato confuso y disperso;

disculpen, por habérselo largado en verso.

Y ahora me despido, si no mandan otra cosa.

Prometido queda que el próximo será en prosa…

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Todo son mitos (XIII)

   —¿Qué guerra piensas ganar con ese arco, niño de alas columbinas? La de Troya no ha empezado todavía…

   Así, un día y otro, se mofaba el tonto de Apolo del hijo de Venus; y éste explota, por fin:

   —A mí me llaman ciego, bermejazo, pero tú vas a ver…

   Y parte veloz la saeta de oro, que Apolo recibe en su pecho vacío: ya bebe los vientos por Dafne, como nunca por nadie los había bebido.

   Otra flecha con punta de plomo traspasa el corazón de la rubia ninfa, que aborrece para siempre al más bello dios.

   Él se acerca y ella siente el calor. Huye, despavorida, y se interna en el bosque. Ligero, Apolo la sigue, ya parece que pueda tomarla…

   Ella llega a la fresca orilla del río; con el último aliento, implora socorro a su padre, el espíritu de aquellas linfas ahora agitadas.

   Conmovido, a la dríade que clama, el anciano Peneo transforma en frondoso laurel.

   Allí palidece el rubicundo Apolo; abraza el tronco robusto y acaricia la áspera piel. Su llanto, en torno, ya inunda el verde tapiz:

   —Ay, lágrimas mías, que alimentan la causa y la razón por que lloraba… —y nuevos raudales vierten sus ojos, y al árbol lo hacen crecer.

   Aparece de nuevo Cupido, y ya vemos que es quien se ríe mejor.

  Y es de laurel la corona de aquellos antiguos poetas, que en sus versos advierten a los pobres incautos que se burlan de Amor…

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La Máquina del Tiempo, XIV (Siglo V A.C.)

    Estaba decidido: aprovecharía mis dotes de persuasión para enderezar de una vez por todas la historia de nuestra decadente civilización. Así pues, programé mi Máquina del Tiempo para un viaje a la Grecia clásica y me planté en el Olimpo. La primera entrevista fue con Zeus: soy de los que no dudan en coger el toro por los cuernos. Me costó, claro, pero acabó jurando fidelidad a su esposa, que, enternecida sobremanera, prometió a cambio dejarse de celos y venganzas. Satisfecho, me aproximé, aunque no demasiado, a Hefesto, y le hice ver la necesidad de cuidar la imagen y ocuparse más de la higiene personal. Luego me encargué de Ares, que se comprometió a ser leal y a evitar cualquier tentación de cambio de chaqueta. Amonesté sin miramientos a Artemisa por caprichosa y estrecha. A Apolo le cayó una buena bronca por presumido. Atenea tuvo que reconocer que se había estado pasando de sabionda. Por supuesto, a Hermes le tocó abjurar de toda demagogia. Me entretuve un buen rato con Afrodita la lujuriosa: hay vicios que cuesta erradicar. Démeter, esa materialista, recibió también lo suyo. Con Poseidón usé la psicología: reforcé la mitad afable de su carácter para que, en adelante, pudiera controlar mejor su ira. A Hestia, en una charla relajada junto al fuego del hogar, le sugerí que saliera más de casa y se relacionara, que no fuera tan huraña.

     Agradecidos, los dioses me obsequiaron con un opíparo banquete en el que no faltaron buenos lingotazos de ambrosía deliciosa. Por fin, me despedí amablemente de todos, encantado al observar las expresiones beatíficas en sus divinos rostros. Confiado, casi exultante, subí a mi Máquina y emprendí el viaje de vuelta. Fue un auténtico viaje de placer: conduje despacio, disfrutando por adelantado del maravilloso futuro que nos esperaba a los hombres.

 

Gajes del oficio

   Una fría noche de invierno, con niebla espesa como puré de arvejas, los vikingos regresan a su hogar. Tras varios meses saqueando y violando por todas las costas del norte de Europa, están algo cansados, pero satisfechos. Para celebrarlo, abren un barril de hidromiel añejo que tenían reservado, y brindan por todos los dioses habidos y por haber.

   Llegan, amarran el drakkar en el puerto y se dirigen, tambaleándose y cantando canciones obscenas, a la taberna del lugar. Se trata de un tugurio sucio y oscuro, iluminado apenas por dos o tres escuálidas bujías de sebo de alce.

   Entran y, ¡por Odín!, encuentran a sus mujeres liadas en una orgía monumental con los de la aldea de al lado. Como un solo hombre, echan mano a las espadas y los matan a todos y a todas en el acto: menuda escabechina.

   Empapados en sangre, exhaustos, se tumban a dormir allí mismo. Están desolados, sobre todo porque siempre se han llevado bastante bien con los vecinos. Ahora ya no tienen contrincantes para los partidos de fútbol de los domingos por la tarde.

   A la mañana siguiente se ha disipado la niebla y luce un sol espléndido. Cuando despiertan, con una resaca de miedo, nuestros héroes no tardan en darse cuenta de que se equivocaron de aldea al desembarcar.

 

El mensajero

   Había concluido su última misión, la más peligrosa de todas.

   Y ahora estaba allí, en el palacio, ante la misteriosa Reina del País del Norte, que sostenía la carta en sus manos. Cuando acabó de leer, fijó en él sus ojos azules.

   —Ven —le dijo, —siéntate a mi lado y cuéntame las aventuras de tu largo viaje.

   En cinco semanas había reventado diez briosos caballos de postas, cruzando territorios salvajes, habitados por tribus crueles y belicosas. Había oído crujir bajo sus pies el hielo quebradizo al atravesar anchos ríos en el terrible invierno de la estepa. Con sólo su cuchillo de caza había tenido que enfrentarse a aquel oso de las montañas. Y todavía llevaba en su hombro una bala que había sido disparada por un fusil tártaro oculto entre los alerces del margen del camino.

   —Gracias por llegar hasta mí, valiente mensajero. Tu emperador me propone un matrimonio ventajoso, que uniría para siempre nuestros reinos. Si acepto, el enlace se llevará a cabo dentro de ochenta días.

   —¿Y puedo preguntaros qué haréis, majestad?

   No respondió. Se levantó de su trono sin dejar de mirarle. Cuando él se puso en pie, ella sonrió. Se acercó, rodeó el cuello del hombre con sus brazos, los rubios cabellos femeninos envolvieron el rostro curtido del mensajero…, y lo besó.

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Liberación

   La tierra tembló, y el viento helado del amanecer se transformó en un soplo ardiente, cuando la espantosa bestia salió de la cueva. El Héroe esperaba en el centro mismo de la explanada, el escudo bien sujeto en el brazo izquierdo y la lanza preparada.

     —Saludos, Héroe —dijo la boca descomunal.— Tu osadía despierta mi admiración. Sabes que soy la criatura más vieja, sabia y poderosa del mundo, y aun así vienes a buscarme. Sabes que en el fondo de mi cueva amontono los huesos de muchos que intentaron lo que tú intentas ahora. Sabes, además, que puedo leer en tus ojos color de acero.

   Sí, lo sabía. Y que sus ojos decían «miedo», y también «destino». Que contaban, transparentes, los últimos siete años de su vida: el primer enfrentamiento, ya lejano, el único que fue producto de la voluntad y del amor; los pocos meses de paz junto a la Amada rescatada; los mensajes que llegaban con breves intervalos, los combates sucesivos; el miedo y el valor, el dolor y la suerte…

   —El cansancio me ha invadido también a mí —continuó.— Vete, Héroe, y vive en paz. Regresa a la aldea y di que no volveré a atacar sus chozas, ni a incendiar las cosechas. Diles que pronto partiré hacia una isla lejana para morir allí. Lo creerán. Y podrán repartirse estas tierras.

   Se acercó, para que el Héroe pudiera leer también en sus ojos amarillos y turbios durante un instante infinito. Luego se dirigió despacio a su guarida. Volvió el frío.

   Los aldeanos no se conformaban con la paz, querían venganza. Las piedras que le arrojaron traían al Héroe el dulce alivio tanto tiempo deseado. «Cobarde» sonó en sus oídos a liberación.

   —Así que era una hembra —dijo la Amada.

   —Sí. La madre de todos los dragones que maté —respondió el Amado.

La Bruja de los Enamorados

    En el bosque vive la Bruja de los Enamorados. Su fama se extiende por la región y todos la temen. Sólo la buscan los caballeros desesperados que han puesto su amor en alguna dama de frío corazón. En ese caso, el caballero sabe lo que debe hacer. En una noche de luna llena, llega hasta el bosque, deja en la linde armas y caballo, y se adentra en la espesura. La Bruja lo espera. Cuando la encuentra, le cuenta su historia. Comienza un ritual mágico. La Bruja hiere en la mano al enamorado, unas gotas de sangre caen en la hierba. En ese momento, el húmedo espíritu del bosque entra ya en su cuerpo.

   Con la luna nueva, una dama que lleva el corazón en llamas huye de un palacio. Llega al bosque, abandona el caballo y se adentra en la espesura. Cuando se reúne con el caballero, la Bruja oficia el último ritual. Luego se despide de ellos y se aleja del bosque para siempre. Los amantes pasan la noche en su cabaña. Sucede un año de intensa felicidad, después del cual el caballero muere. Con el corazón helado, una nueva Bruja de los Enamorados vive en el bosque.

PREMIO LIEBSTER BLOG

Mi amigo, el escritor argentino Sebastian Zampatti, me honra al incluir este modesto blog entre sus elegidos para el Premio Liebster Blog: http://latraiciondelpoeta.blogspot.com.es/2012/06/premio-liebster-blog.html Gracias, Seba. Ya lo sabes: este es uno de mis preferidos entre tus poemas:

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Támiris, el tracio

En casa de Éurito, el ecalieo,
desperté la ira de las musas.
Cuando el vino puro de las libaciones
me perdió, exclamé:
¡la inspiración es una puta infiel!

Airadas,
las hijas del Olímpico,
ahogaron la memoria en el vino negro
de la noche…
y ya no he sido más que
mi propio recuerdo…

Sebastian Zampatti

En http://enamoradodelrayo.blogspot.com.es/

y en su libro Primeros poemas

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Hay tantas maneras de concebir la escritura como escritores, quizá alguna más.

El poeta sólo teme que su musa lo abandone.

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Aquí están mis elegidos:

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Pisando las nubes

http://mirenenlasnubes.blogspot.com.es/

@Iva_63

En el blog de Izaskun encontramos artículos y microrrelatos. Escritura sencilla, que comunica directamente el pensamiento, o el sentimiento, o la historia. En sus relatos, no se llevan mal la fantasía y lo cotidiano. Es una de las formas del humor:

Un carnicero y un caballero se disputaron su amor. Ella eligió al primero, pues detestaba limpiar dragones recién cazados para guisarlos.

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Novel de Literatura

http://noveldeliteratura.blogspot.com.es/

@noveldeletras

Aquí, Novel nos ofrece sus breves e interesantísimos artículos sobre la escritura y sus alrededores: los móviles del escritor, el mundo editorial, las formas de difusión de la literatura… Prosa pulida, sentido común, agudeza en la reflexión. Pero selecciono este soneto magistral: http://noveldeliteratura.blogspot.com.es/2012/05/enfermera-tiene-un-folio.html

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El Istmo De Las Fauces

http://elistmodelasfauces.blogspot.com.es/

@jaudenes

Vicente Jaudenes es un descubrimiento reciente: pura pasión por escribir. En sus manos, modismos, tópicos, lugares comunes, quedan hechos trizas y transfigurados en originalísimos microrrelatos:

La Quería, Y Le Pegaba. La Quería, Y La Insultaba. La Quería, Y La Utilizaba. La Quería, Y No La Quería. Margarita Se Fue.

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Microvorágines

http://microvoragines.blogspot.com.es/2012_02_01_archive.html

@Jmarrero96

Las microvorágines pueden ser microrrelatos, brevísimos poemas,  aforismos…  En algunas aparece la crítica, como en la primera, a la que le tengo un cariño especial, porque la vi nacer:

Se sentía libre porque cada cuatro años le permitían elegir sus cadenas.

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J’accuse…!

   En enero de 1898, el primer intelectual arroja en la boca abierta de Francia un puñado de cayena molida. Otro traidor que así paga al Estado que invirtió en su instrucción.

Historia sintética de la Revolución Francesa

   ¡Chuuuuiiiiiiiic! Cayó, impía, la cuchilla, y Lis volvió a ser una flor de a pie.

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Eng y Chang

   Nacieron unidos por el esternón y por un costado. Durante años consultaron a muchos doctores, pero nunca se pudo determinar si compartían o no el hígado y ningún cirujano quiso arriesgarse.

   Han llevado una vida normal, dentro de lo posible. Han sido dueños de una plantación, se han casado, han tenido hijos.

   Pasan ya de los sesenta años. Chang ha estado bebiendo demasiado últimamente y ha sufrido algunos problemas de salud. Eng lleva una temporada durmiendo mal.

   Esta noche, Eng se ha desvelado de nuevo. Como siempre, procura estarse quieto para no despertar a su hermano. Ha empezado a recordar. Las imágenes se van sucediendo. La infancia en el lejano Siam. El viaje en barco a los Estados Unidos. Los espectáculos en que los exhibían. La riqueza. Sarah y Adelaide, la doble boda. La ruina y el forzoso regreso al circo.

   De repente, se sobresalta. Algo sucede. Chang se estremece. Se queda rígido. No respira. Está muerto.

Maravilloso

Messi avanza, dribla al defensa expulsado y marca.

La Máquina del Tiempo (XIV)

    En muchos viajes al Pasado he adquirido los conocimientos precisos. Y en unas pocas excursiones al Futuro he sufrido decepciones suficientes.

    Ya decidido, he regresado, atrás y adelante, varias veces. He ido dejando, en las coyunturas del tiempo, cargas de profundidad programadas, coincidentes.

    Están explotando en este momento.

    Queda el presente. Nada más habrá. Y nada más existió.

Utopía en breve

   Políticos.

Gastrología

   Recorriendo el ancho mundo, uno conoce todo tipo de falsas creencias y supercherías. Sin ir más lejos, en una aldea remota de la Nueva Zelanda profunda hay un restaurante miserable, cuyo cocinero, un maorí de pura raza, sostiene que se puede adivinar el futuro inmediato del comensal estudiando los restos que deja en el plato.

   De un guiso, por cierto, repugnante.

En fin

   Cuando falleció el político, embalsamaron su cuerpo, pero se corrompió igual.

El cuento más breve en lengua castellana

   Cuando despertó, mandó al dinosaurio a tomar por culo.

Obsesión

   Primero consulté unos cuantos manuales y páginas especializadas en la Red: la información me ayudó a comprender, pero no cambió nada. Pedí consejo a varios amigos razonables y no supieron qué decirme. Aguanté todavía un tiempo, pero no me quedó más remedio que acudir a una psicóloga, que tampoco me dio una solución, aunque la intensa relación que mantuvimos significó un breve intermedio de tranquilidad. Después volvieron las dudas y otros síntomas peores. Por fin, el psiquiatra, que lo intentó muy profesionalmente, pero tuvo que devolverme el dinero y declararse incompetente. Y es que el mundo está lleno de tratamientos para los locos que creen que no están locos, pero no hay nada para los que creemos que estamos locos y no lo estamos.

Especialista

   Cuando acabó la carrera, hizo un máster carísimo en el Más Allá. Luego, instaló un gabinete psicológico para tratar a fantasmas con la autoestima baja, que no creen en sí mismos.