El héroe

por Antonio

                                                                                                                                                      Para Zilniya, @microversos

 

   Érase una vez un genio poderoso y malvado, tan malvado que se dedicaba a hacer lo contrario que los demás genios: a impedir que los pobres mortales consiguieran aquello que más deseaban.

   Ni siquiera estaba prisionero en la lámpara, que brillaba en un recodo del camino; sólo se introducía en ella si estaba aburrido, para entretenerse fastidiando a algún infeliz que pasara por allí. Cuando el incauto la recogía y la frotaba, el genio aparecía, magnífico, le daba la oportunidad de expresar sus tres deseos, le aseguraba su cumplimiento y se despedía. Por muchos años que viviera, la pobre víctima jamás alcanzaba a ver cumplida ninguna de esas tres aspiraciones, y sólo sufría crueles desengaños.

   Una mañana, le tocó el turno a un joven criado del conde, que se dirigía a su trabajo en el palacio, y cayó en la trampa.

   —Mil gracias por liberarme, mocito. Ya sabes cómo va esto… ¿Cuál es tu primer deseo?

  —Oh, gracias a usted, señor genio. Lo que más deseo en este mundo es el amor de la hermosísima Rosalinda, la hija de mi señor, pero…

   —Nada, nada: concedido (jajajá). ¿Y el segundo?

   —Siempre he soñado con ser un músico maravilloso: que fuera mi voz la más dulce de la Tierra y sonara mi cítara melodiosa en el acompañamiento…

   —Hecho (jajajá). Vamos a por el tercero.

   —Pues… La verdad, señor genio, es que ya no tengo más deseos… Sólo que viva usted una larguísima y dichosa vida…

   —¿Cómo? ¿Qué estoy oyendo? ¿No tienes más deseos? ¡No! ¡Noooooooo…!

   La locura se apoderó del genio. Dejando estupefacto al joven, huyó como el viento de aquel lugar, y yo sé que murió esa noche, a la orilla de un río.

    Nuestro héroe jamás entendió lo que había ocurrido. Pero, aunque no las tenía todas consigo, debía probar con la condesita. No voy a contar la terrible escena, con los gritos de la mimada y la guardia echando a patadas al muchacho.

   Volvió a ayudar a sus padres en la granja. Cuando murieron, él ya se había casado con una guapa chica del pueblo. Tuvieron unos cuantos hijos. La granja les daba lo justo para ir tirando. El hombre no poseyó nunca la mejor voz de la Tierra, pero cantaba y tocaba los días de fiesta en la taberna, y venían a escucharlo los aldeanos de los alrededores.

    Leyendo una historia como esta, algunos darán en pensar que muchos héroes lo son así, por casualidad. Pero yo no lo creo.

 

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