Sólo los más fuertes.

por Antonio

   La historia que contaré sólo se conserva en la tradición oral: no se halla en las Geórgicas de Virgilio, ni  en las Metamorfosis de Ovidio.

   Contradice, además, la cólera de Aquiles, como motivo que lo alejó del combate por un tiempo, desgraciado para los griegos.

   Pues bien: se había derramado ya mucha sangre bajo las murallas de Troya, cuando la duda asaltó el pensamiento del Pelida.

   Quiso saber cuál sería su destino y cómo acabaría la guerra. Se acordó entonces de Proteo, el viejo dios del mar, hijo de Poseidón.

   Proteo conocía el futuro, aunque se resistía a revelarlo, transmutándose en cualquier criatura y huyendo del solicitante.

   Sólo los más fuertes conseguían alcanzarlo, reducirlo y obligarlo a hablar.

   Poco le preocuparon aquellas condiciones a Aquiles. ¿No era él, acaso, el más rápido y poderoso de los héroes?

   Pidió a su madre, la diosa Tetis, que lo transportara hasta la morada de Proteo y, allí, le hizo la petición.

   Proteo tomó la forma de un ciervo y huyó al monte, tan rápido como el viento. Aquiles lo persiguió durante muchos días, y lo alcanzó al fin.

   El viejo habló, y Aquiles vio volar la flecha de Paris, y la mano de Apolo guiándola, y su propio cuerpo tendido de cara al cielo.

   Comprendió entonces la prueba y admiró la sabiduría de Proteo: el viejo sólo comunicaba su destino a aquél que podía soportarlo.

   Regresó a Troya, más ansioso que nunca por entrar de nuevo en combate.

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