REBELDE SIN CONSECUENCIA

por Antonio

   El capítulo XVI de la versión española de Un mundo Feliz se desarrolla íntegramente en un despacho de Washington. A un lado de la mesa se encuentran Bernard Marx y Helmholtz Watson. Son unos rebeldes: pasan demasiado tiempo solos, no practican los deportes, huyen de las chicas neumáticas: no les gusta mucho nuestra civilización. Desde el otro lado, Mustafá Mond, el Interventor Mundial Residente para la Europa Occidental, les recrimina su actitud y les explica las ventajas de nuestra civilización.

   Esa noche, Bernard Marx no puede dormir. Recuerda las palabras del Interventor. Sobre todo, el fin de su discurso: «Todo cambio constituye una amenaza para la estabilidad.».

   La mañana siguiente Bernard Marx vuelve al despacho. El Interventor ha salido. Marx le escribe una nota: «Dejaré de ser un rebelde: haré vida social, practicaré los deportes, probaré con las chicas neumáticas: ahora que comprendo sus ventajas, me gusta mucho nuestra civilización. Como ve, no todo cambio constituye una amenaza para la estabilidad.».

   Esa noche, mientras Bernard Marx duerme, la Policía le pega una patada a la puerta de su casa. Un tiro en la nuca, y su cuerpo es incinerado en un horno crematorio.

   Sin embargo, Helmholtz Watson seguirá siendo un rebelde toda su vida.

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