La moneda nacional

por Antonio

   —Ambrosio, hijo, ¿cómo te va?

   —Mal, padre. Con esto del paro, a veces, a punto de desesperar.

   —Ten paciencia, hijo. En este valle de lágrimas todos hemos de cargar con nuestra cruz.

   —Sí, padre, todos menos los políticos…

   —Bueno, ellos también han de cargar… con su cara.

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