Indignación animal

por Antonio

   Cuando se cansaba de tocar la flauta, se sentaba, se encaraba con el perro y le exponía sus teorías filosófico-político-existenciales. El chucho lo miraba, atento. «Ojalá pudieras hablar», pensaba él. Como suele ocurrir, un mago concedió su ferviente deseo a nuestro protagonista: habló el cánido y dijo: «Mátame».

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