Un clásico

por Antonio

   Cuando se hizo el silencio, dijo el Rey desde el balcón:

   —¡Ciudadanos! En vuestras manos queda la vida de estos hombres. ¿A quién queréis salvar, al Nazareno o a este ministro ladrón?

   La multitud rugió un poco. Luego, al unísono, gritó el nombre de uno de los dos.

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