Semejando un Demóstenes azaroso

por Antonio

   Era muy tímido y un poco tartamudo, pero jugando al tute se transformaba. Disfrutaba sobre todo cuando pintaban espadas. Si la suerte le favorecía, sonreía, alzaba el as sobre su cabeza y golpeaba con fuerza la mesa, gritando:

   —¡Arrastro!

   Y no arrastraba las sílabas para nada.

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