Suicidio

por Antonio

   Como cada mañana, lo despertó el dolor de estómago. La úlcera, que seguía haciendo de las suyas. Pero no sólo eso, claro. Salió de la cama y se arrastró a duras penas hasta el baño. Vomitó. Bilis y más bilis. Algo aliviado, se incorporó y se miró en el espejo. Más que ojeras, unas grandes bolsas colgaban debajo de sus ojos vidriosos.

   Encendió el ordenador. Escribió el nombre fatídico en el cajón de Google. Comprobó por enésima vez lo que ya de sobra sabía: que no hay magia que valga, ni milagros ni nada: que no era sólo el protagonista de su pesadilla recurrente, sino que existía en la realidad, y volvería a aparecer en el inminente especial Nochevieja 2010 de la televisión pública.

   Mientras desayunaba esforzadamente, reflexionó un buen rato sobre el porvenir de España. Repasó, despacio, las proféticas palabras de Machado. Cuando llegó a lo de «gente tan menguada», ya había tomado la decisión. Con una sonrisa torcida, ingirió el último comprimido de Almax.

   Volvió al ordenador. Youtube. Encontró enseguida lo que buscaba. Y lo hizo: puntero sobre el play, click, y se tragó entero un vídeo de Amante bandido.

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