Progreso

por Antonio

   El progreso avanzaba penosamente. Recorrió un largo camino. Llegó por fin a una tierra virginal en el extremo del continente. Y se puso a trabajar. Promulgó el País. Organizó las leyes. Concretó las divisiones territoriales y concedió los idiomas oficiales. Concertó el sistema educativo para formar al ciudadano; forjó las cadenas de televisión para informarlo; montó la cultura y el arte y el espectáculo para transformarlo.

   Arregló la economía.

   Pasaba el tiempo. Y un día, hubo en la capital explosiones de alegría: el progreso había alcanzado por fin sus objetivos seculares: la igualdad total de oportunidades para todos y todas: la democracia perfecta. Cuando un perfecto imbécil pudo llegar a ser jefe del gobierno.

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